sábado, 6 de marzo de 2010

La ZELAYA argentina


El 28 de junio pasado, el Presidente de la República de Honduras, Manuel Zelaya, fue legítimamente destituido por violar la Constitución Nacional de su país. Los sátrapas de distintos países, temerosos de que se les exija e imponga someterse a las leyes, se rasgaron las vestiduras, descalificando la legalidad de la destitución. Pero sin hacer referencia a lo que expresamente establece la Constitución de Honduras. Obvio.

Zelaya, tuvo el apoyo incondicional de los países integrantes del Foro de Sao Paolo que contribuyeron a victimizarlo.
El 21 de setiembre, Zelaya, apoyado por el Presidente de Venezuela, Hugo Chávez, ingresa subrepticiamente a Honduras y se refugia en la embajada brasileña.
Se efectúan comicios democráticos y el 27 de enero asume el Presidente electo, que le concede a Zelaya, un salvoconducto para que abandone, sin pena y sin gloria, la embajada de Brasil, rumbo a República Dominicana.
Hoy nadie se acuerda de Manuel Zelaya, solo los hondureños, que se libraron de quien quería ser Presidente vitalicio.

En nuestro país, los Kirchner planearon constituir una dinastía presidencial. Por incapacidad o complicidad, los otros poderes del Estado, permitieron las continuas violaciones a la Constitución y a las Leyes de la Nación. La mayoría coincide en que se les debe permitir concluir su mandato.
Los Diputados Nacionales parecen ignorar que por mal desempeño o delito en el ejercicio de sus funciones, o por crímenes comunes, con el voto de las dos terceras partes de los miembros presentes, pueden acusar ante el Senado, al presidente de la Nación, o en este caso, a la presidente.
Y el Artículo 60 de la Constitución Nacional, faculta al Senado de la Nación, a destituir al presidente, sin que ello constituya un golpe de Estado.
En las últimas elecciones, el PUEBLO ARGENTINO les volvió la espalda a los Kirchner. Y éstos, que aislaron al país del resto del mundo libre, y lo hundieron en el desempleo y la pobreza, comprobaron que se les terminó la chequera con la que estaban acostumbrados a comprar voluntades.
Comprobaron que están perdiendo la batalla. Que llegó el momento de la retirada para, desde el llano hostigar a sus enemigos, reagrupar su tropa y volver a intentar retomar el poder.
Renunciar, les quitaría “prestigio”.

Es necesario provocar su propia destitución.
De allí su manifiesta y descarada provocación a los otros poderes del Estado. Un avión venezolano está esperando a la pareja presidencial, para que llegado el momento en que los Diputados de la Nación asuman a pleno, el rol para el que fueron electos, y acusen ante el Senado a la Presidente Cristina Fernández de Kirchner por mal desempeño y delitos en el ejercicio de sus funciones.
Cabe esperar que no se les permita la huida y se los juzgue conforme a derecho.

Orlando Agustín Gauna


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