martes, 10 de enero de 2012

Matar al mensajero

Los hijos de Ernestina no resultaron ser los nietos que buscaban las Abuelas de Plaza de Mayo. Mientras Carlotto daba la noticia, ya había algunos que se preguntaban si podían empezar a putearlos por ser herederos golpistas, mientras otros gritaban "Nietos igual". Falló, pero nadie pidió disculpas y cuestionan al que pregunta qué onda.

Un flaco de 34 pirulos, funcionario público nacional, aparece muerto en su habitación de hotel, en pelotas y ahorcado. El parte oficial no existe. Algunos dicen que se suicidó. Otros, conspiracionistas, sostienen que lo carnearon. Hubo un par que plantearon la posibilidad de una pajota exótica. Quienes preguntaron al respecto, fueron insultados.

Un periódico da a conocer que la Presi se compró un bulincito en Puerto Madero por la módica suma de nueve millones de pesos. Nadie entiende la lógica de Cris: al lado de lo que se patina en Aerolíneas por día ¿Qué son nueve palitos? Un vuelto. Ningún vocero presidencial tiró una línea que pretenda justificar el capricho, pero quienes plantearon sus quejas, fueron agraviados.

Para este gobierno conservador, es mejor decir que un pibe brillante se quitó la vida antes que reconocer que murió mientras disfrutaba de su sexualidad. Un tanto exótica, convengamos, pero su sexualidad al fin. En idéntico sentido, es preferible ningunear el temita de los estudios de filiación negativos de los hijos de Ernestina, antes que reconocer un error. También es mejor irrumpir con Gendarmería en las oficinas de una empresa, basurear a los trabajadores -laburantes como vos y como yo- y armar una campaña antimonopólica, antes que disculparse por haber autorizado por Decreto Presidencial la fusión de las dos megaoperadoras de televisión por cable de Argentina. Obviamente, es mejor cargar contra el diario que dio a conocer la noticia de la nueva escritura de la Presi, que codear al de al lado y hacerle montoncito con los dedos mientras preguntan "¿Qué nos perdimos?". Pero el gobierno no ofrece disculpas y sus militantes no se las exigen. Y ahí están, asesinando mensajeros.

A última hora de anoche, nos enteramos que Cristina tiene carcinoma papilar, lo que antes llamábamos, vulgarmente, cáncer de tiroides. Inmediatamente salieron muchos afiliados al Sindicato de la Culpa Constante a exigir que se deje la política de lado por un tiempo, ante la enfermedad de Cristina. Al igual que con la muerte de Néstor, la caída en desgracia de la intimidad pareciera tener un factor exculpante único, como si en la oficina nos permitieran mandarnos todos los mocos juntos porque estamos dolidos, o si la AFIP no nos preguntara de dónde sacamos esas tres propiedades con nuestro sueldo de barrendero, por el sólo hecho de presentar un certificado médico.


El cáncer ha sido el leit motiv de la parca en mi familia por generaciones, y lo sigue siendo. Lo aclaro porque en tiempos en los que te juzgan desde las más obvias subjetividades, es mejor no dejar nada por supuesto. Dicho esto, debo aclarar, también, que no festejo ni festejaré el cáncer: sólo me pregunto qué catzo tiene que ver que la Presi tenga un carcinoma con que no se la pueda mandar a visitar la entrepierna de su progenitora por seguir forrándose en guita, mientras da discursos contra la clase media egoísta que no quiere entender que hay que compartir para que el modelo llegue a todos.

Sin embargo, ante la patología de la Presi sale a flote esa gran falencia del verso oficial -a esta altura, llamarle relato es demasiado lujo- que es el glorioso sistema de salud argentino. Que Cris elija el Hospital Universitario Austral para atenderse, supera con creces a la Clínica Los Arcos de Néstor, en contraposición al descarte del Hospital Argerich. Preguntar qué pasa que ningún acólito puede explicar cómo es que la líder del movimiento Nac&Pop atiende sus dolencias en el hospital del Opus Dei, es de golpista. No es a nosotros a quienes deberían exigirnos disculpas, sino que deberían preguntarle al gobierno qué onda.

Creo que ahí radica el punto más conflictivo de este entuerto. Que nosotros exijamos disculpas, es casi infantil. No tiene sentido pedir explicaciones razonables a quienes no nos respetan. Y a mi, particularmente, no me importa. No es a nosotros a quienes deberían pedir perdón por restringirnos la compra de dólares, sino a sus seguidores que se creyeron el verso de la economía imbatible. No es a nosotros a quienes deberían pedir perdón por restringir la importación de productos que acá no se fabrican ni se fabricarán, sino a los militantes que se tragaron el verso de la revolución de la industria nacional. No es a los hijos de Ernestina a quienes deberían perdir perdón por haberlos paseado en cámara, haber husmeado sus bombachas y haber tomado prestados sus cepillos de dientes para un examen que de antemano no iba a funcionar, es a los pelotudos que se pasaron gritando "devuelvan a los nietos" detrás de cada móvil de Todo Noticias. No es a nosotros a quienes deben pedir perdón porque la Presi se compró un departamentito de nueve palitos en Puerto Madero imposible de justificar, sino a los monitos que cantan contra el estereotipo de ricachón, el mismo estereotipo en el que Cris cuadra perfectamente. No es a nosotros a quienes deberían pedir perdón por una ley antiterrorista, retrógrada e impuesta por un organismo financiero internacional, sino a todos los boludos a cuerda que repiten hasta el orgasmo que "este gobierno no reprime la protesta social" y que acaban en seco cada vez que la Presi critica a los organismos financieros internacionales.

Se definen como la alegría, pero perdieron el humor que tenían cuando hacían chistes sobre los riñones de Lanata. Se autoproclaman patriotas revolucionarios, mientras sostienen a un gobierno represor de docentes, asesino de indígenas, proteccionistas de megamineras extranjeras y lobbistas de empresas foráneas que monopolizan las comunicaciones. La coherencia se la olvidaron el útero y andan por la vida señalando con el dedo, tanto al que actúa distinto, como al que hace lo mismo que ellos pero desde otra vereda.

Se sintieron muy tranquilos con la fuerza del amor, de Él y del 54% de los votos, sin tener en cuenta que, cuanto mayor es el porcentaje obtenido -y más en una reelección-, menor es la paciencia del electorado a la hora de esperar respuestas. Antes se les plantaba uno o dos impresentables solitarios en alguna comisión de la Cámara de Diputados. En aquellos años del 22% de los votos, donde hasta Clarín era oficialista, el único refugio donde podíamos encontrar voces disonantes era en internet. Ahora, con el furor del triunfazo reeleccionista, se pusieron de culo a todos los que los apoyaron de entrada. Con este panorama, vemos que hasta José Pablo Feinmann se les anima y dice que le gustaría que alguien le explique cuáles fueron los mecanismos con los que el matrimonio Kirchner amasó la tremenda fortuna que ostenta. En pleno siglo XXI, en un país en el que las estadísticas nos cuentan que todos conocemos a alguien que ha fallecido, la está remando o ha sobrevivido al cáncer, imponer el escudo de una patología médica para frenar los "ataques" de los enemigos que ellos mismos construyen -y cuando no están, los inventan- es, cuanto menos, una falta de lógica propia de otro estadio de la evolución de los homínidos.

Exigen respeto, gánenselo.

Último miércoles del año. Mientras yo pensaba todas estas cosas, el programejo televisivo 678 no salió al aire. En su lugar pusieron una repetición que probablemente no revisaron antes: Eduardo Aliverti puteaba a los medios por dudar de la salud de Néstor Kirchner. Y el jodido soy yo...
Falta agregar,el Consul argentino en Bolivia,nombrado hace una semana que apareció ahorcado en el sur de Bolivia.....?????

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